¡Una semana en la “perla de las Antillas”! Precedida, ¡atención!, por el paso del huracán Rafael, que había afectado a La Habana y a la provincia de Artemisa; un terremoto y cortes de luz, agua y gas de varios días de duración en toda la isla. ¿Qué nos íbamos a encontrar? Pues como dijera de Cuba el geógrafo y naturalista alemán Alexander von Humboldt: “Una isla, tres continentes”. “Y gente maravillosa”, añadiría yo.
Salimos de Madrid hacia La Habana el 10 de noviembre de 2024 con la estupenda compañía World2fly. En el aeropuerto José Martí de La Habana (todavía sin agua) nos recibieron con un cóctel. Y, aunque estuvimos alojados en el impecable Hotel Iberostar Habana Grand Packard (un cinco estrellas, como los del resto del viaje, donde no faltó de nada y todo funcionó a la perfección), nada más llegar (5 de la madrugada para nosotros) fuimos invitados a otro cóctel en la terraza del hotel canadiense Royalton Habana, con vistas espectaculares al Malecón.
El primer día, muy bien ilustrados por nuestros guías de la agencia Guamá Havanatur, pudimos ver desde nuestro autobús turístico Transtur (de fabricación china), los estragos del huracán, con “palmas” (hay más de 80 especies, la mayoría endémicas) y árboles, tumbados o arrancados. Hicimos un descanso en Las barrigonas, donde nos ofrecieron el primer café con una cañita de azúcar fresca mientras nos informaban de la zona. Esta práctica, muy cubana, me pareció todo un acierto. Permite endulzar el café de una forma más saludable y, teniendo en cuenta la expansión mundial de los coffee shops, podría convertirse en una importante alternativa económica para la exportación frente al tabaco, que no goza ahora de buena imagen para la salud.
Por fin llegamos al Parque Nacional Valle de Viñales, en la provincia de Pinar del Río, patrimonio de la Humanidad. Allí visitamos la cueva del Indio y los cultivos de tabaco y fábrica de puros habanos de Benito Camejo. Captó mi atención una jutía, pequeño roedor endémico, empeñada en salir de su jaula. Junto al Mural de la Prehistoria, donde están juntos dinosaurios y humanos, cuando hubo unos 60 millones de años de desfase entre ambos sobre la Tierra..., almorzamos en un restaurante de comida criolla. Esta se basa generalmente en “frijóles” negros, arroz blanco, carne de cerdo, maíz, malanga y yuca (tubérculos), plátanos verdes, calabaza y, en la costa, de langosta y pescado. Y, siempre, a lo largo de todo el viaje, fuimos amenizados por músicos y cantantes de gran talento. Y, finalmente, para mí, el éxtasis del viaje: el paisaje magníficamente bien conservado (tanto Cuba como España son puntos calientes de biodiversidad en el Planeta) desde el Mirador de Los jazmines, junto al hotel homónimo, de encanto irresistible. Bien agasajada con una copa de piña colada, riquísima. Y de vuelta a nuestro hotel habanero, en su terraza con piscina: el cóctel de bienvenida a Fepet, con la presencia del ministro de Turismo cubano Juan Carlos García Granda, la nueva presidenta de Fepet Karmen Garrido y Mariano Palacín, organizador de su último Congreso, ya como expresidente, tras 24 años de mandato.
Al día siguiente, recorrido a pie por La Habana Vieja con los principales edificios muy bien rehabilitados, gracias al proyecto de Escuelas Taller ideado por el arquitecto cántabro Peridis, en España, y exportado con gran éxito a Cuba y resto de Iberoamérica a través del Instituto de Cooperación. A continuación, La Habana Moderna, con su majestuoso Capitolio, el bar-restaurante Floridita, cuna del daiquirí (cóctel con ron blanco, limón, azúcar y hielo), con el busto en bronce de su más ilustre cliente: Hemingway. Y almuerzo en el restaurante Berkana. Por la tarde, el Parque histórico-militar Morro Cabaña, que acoge la tienda de habanos, ron y café El faro y paseo en los llamativos coches de los años 40-50, milagrosamente activos, por la plaza de la Revolución, con su “obelisco” siempre rodeado por aves carroñeras e imágenes de los líderes revolucionarios a escala sobrenatural. También, por el barrio del Vedado, todavía sin recuperar de su antiguo esplendor. Y la cena, en una Habana casi a oscuras, pero bastante segura, en el restaurante Buenaventura.
Emprendemos un largo recorrido atravesando la isla hacia el sur, hasta la costa del mar Caribe, en la provincia de Sancti Espiritus, siendo recibidos con una copa de cava por todos los empleados y el actual director en el recién inaugurado hotel Meliá Trinidad Península. En él disfrutamos de sus estupendas instalaciones, de un espectacular crepúsculo en la playa y de una cena al aire libre en su zona más exclusiva. Al día siguiente contemplamos, desde un mirador, el Valle de los Ingenios y pude entablar una grata conversación con Bolita, un lugareño que cortaba caña de azúcar junto al bar contiguo. Y desde allí fuimos al antiguo ingenio azucarero de San Isidro de los destiladeros, donde pudimos cobijarnos bajo una gigantesca ceiba, árbol sagrado en Cuba, y ver el museo de sitio en su antigua hacienda. Visitamos, después, el taller de cerámica tradicional de la familia, de origen español, Santander. Y otro Patrimonio de la Humanidad: el centro histórico de Trinidad, un salto a los siglos XVIII-XIX, con el delicioso aderezo de su tradicional bebida a base de limón, miel de abejas y aguardiente: la canchánchara, y de sus jóvenes engalanadas para la fiesta de los quince años. Visita que terminó con un almuerzo en la terraza de El barracón y con una cena, maravillosamente iluminada, sobre la arena de la playa en el hotel.
Y con tan gratas experiencias en la memoria, disfrutamos de la antepenúltima jornada del viaje, dándonos una vuelta por otra ciudad que cuida su patrimonio: Cienfuegos. Allí visitamos el Club naútico, el Palacio del Valle, y comimos en el restaurante Camila's, antes de salir hacia la costa norte atlántica, donde se encuentra Varadero. Nos alojamos en el Hotel Meliá Internacional Varadero (todo incluido), con su imprescindible brindis con cava y una cena exquisita. Le siguió otro día de aventura en catamarán desde la Marina Marlín hasta Cayo Blanco. Esta incluía interactuar con los delfines, disfrutar de una relajada navegación y gozar de una playa de aguas con azules asombrosos, así como de una langosta para el almuerzo in situ. Y, por la tarde, se celebró el Congreso de Fepet, con la asistencia, de nuevo, del ministro de Turismo y la presentación de varias ponencias por parte española y cubana. Después asistimos a una espléndida cena de gala en el jardín, con espectáculo. Y disfrutamos de una última mañana para conocer mejor el enorme recinto hotelero, con un desayuno y almuerzo en la zona VIP, que no decepcionó, a pesar del dicho “No soy lento, soy cubano”, así como de sus instalaciones junto a la playa de cálida arena, casi infinita.
Pepe el cubano había sabido captar el profundo misterio de esa mezcla única entre el Caribe y España que se llama Cuba.
(*) FEPET es la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo y Gastronomía
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